Errores Trinitarios - Triteismo

 

Triteismo es la enseñanza de que la DEIDAD son tres seres separados que forman  tres distintos dioses.  Esta perspectiva errónea es frecuentemente puesta fuera de sitio por los que apoyan la doctrina de la Trinidad que afirma que hay un solo DIOS en tres personas: PADRE, HIJO, ESPÍRITU SANTO.  La doctrina de la Trinidad es por definición, monoteística, esto es, una doctrina que afirma que hay un solo DIOS en todo el Universo.

El Triteismo ha tomado diferentes formas a través de los siglos.  En el comienzo de la Iglesia, los cristianos eran acusados de triteistas por los que rehusaban entender o que no entendían la doctrina de la Trinidad.  A fines del siglo Décimo Primero, un Monje católico de Compaginé en Francia, llamado Roselino, consideró las tres Personas Divinas como tres seres independientes y que hasta se podría decir que eran tres dioses.

El Mormonismo de hoy día es triteístico, pero con una tendencia; este enseña que hay muchos dioses, pero que ellos solo sirven y adoran a uno.  Para los mormones la Deidad son tres personas diferentes: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo.  Dicen que el Padre fue hombre en otro planeta que trajo a una de sus esposas a este mundo y que los dos tienen cuerpo de carne y hueso.  El Hijo es el segundo dios que literalmente fue concebido por el padre y su diosa.  El Espíritu Santo es el tercer dios. Por lo tanto, el Mormonismo en realidad es politeístico con un énfasis triteístico.

Por supuesto, el Triteismo claramente contradice la enseñanza de la Biblia, respecto al monoteísmo.

 “Vosotros sois mis testigos, dice el SEÑOR, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isaías 43:10) “Así dice el SEÑOR Rey de Israel, y su REDENTOR, SEÑOR de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay DIOS.” (Isaías 44:6) “No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay DIOS sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.” (Isaías 44:8)

 

 

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