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En las buenas noticias de gran gozo, trasmitidas por el ángel a los pastores, estaba implícito el cumplimiento de la promesa dada en el Edén después de la caída de nuestros primeros padres. De la simiente de la mujer saldría el niño Dios, para concluir el pecado, la maldición, la ira, la muerte y derrotar de una vez y para siempre las huestes del mal.
En este folleto, expondremos las promesas del pasado hechas realidad al recibo de la herencia una vez muerto el Testador. Expondremos de los resultados del miedo, temor e inseguridad de los hijos de Dios dentro del Antiguo Pacto, y de la certeza, seguridad y confianza revelada en el evangelio de la paz y de la gracia del Señor nuestro Jesucristo desde el comienzo del Nuevo Pacto.
Esperamos que al fin, a muchos que puedan alcanzar esta literatura, les “sean alumbrados los ojos del entendimiento para que sepan cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.” (Efesios 1:16-18)
Que al final de estos estudios espirituales puedan decir como Pablo: “Por lo cual estoy cierto, que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:38,39)
“...yo sé en quién he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” 2 Timoteo 1:12
“Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza.” 2 Cor. 3:12
“En el cual (Jesucristo) tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él.” Efesios 3:12
“...confiadamente...” Hebreos 4:16
“...servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” Filipenses 3:3
De ahí, que tenemos que hacer diferencia entre vivir en el espíritu y andar conforme a la carne. Cuando se nos revela que a los espirituales nadie juzga (1 Cor. 2:15) y que el espiritual juzga todas las cosas, entonces: ESTAMOS CIERTOS, CONFIADOS Y SEGUROS. |